Identidad 

Histórica

Los moriscos valencianos fueron expulsados de muchos pueblos y villas. De hecho, representaban casi un tercio de la población total del antiguo Reino de Valencia. Por lo tanto, fue muy grande el vacío poblacional que dejaron a su partida y fueron muchos los pueblos que tuvieron que ser repoblados , e incluso, algunos se quedaron despoblados para siempre.

El primer escrito que se conoce referido al pueblo es el de “Castell de Tarbana”. La grafía actual aparece en el año 1274 cuando el rey Jaume I dona a su dama, Sibila de Saga, la “Fortificación de Tárbena”. Más tarde ya se habla de “Valí de Tárbena” y “Baronía de Tárbena” Antes de ser dominado por Jaime I, el castillo de Tárbena perteneció a Abu-Abdalá-Ben-Hudzail, apodado Al-Azrach. Después de dos siglos de vicisitudes en 1445, un valenciano, Guerau Bou adquiere el castillo de Tárbena con todo su valle por la cantidad de 47.200 sueldos.

De todo el territorio repoblado, el caso de Tárbena es el más conocido, por el hecho de conservar el artículo salado, vocabulario y relaciones onomásticas numerosas. Tárbena, Vall de Ebo y Jalón están hermanados con Santa Margalida

Identidad Histórica

Las causas principales por las que decidían marchar hacia tierras valencianas.
Los motivos son muy diversos. Sobre todo son motivos económicos, como en buena parte de las emigraciones. Pero curiosamente todos no eran menesterosos: hay quienes dejaban propiedades en las islas, o incluso, había hijos de casas buenas que, según los pueblos, no habían sido favorecidos por las herencias familiares, porque no eran los primogénitos, y buscaban una mejoría en Valencia,

 había de todo, pero sobre todo gente que podía costearse el viaje y aceptar las condiciones de aquí, que tampoco eran muy buenas.

Los isleños se extendieron por muchas comarcas

En comarcas como las Marinas, la Safor o el Condado los conversos deportados habían sido más numerosos que los cristianos viejos, y por tanto, fueron necesarios contingentes muy diversos de población para recuperar los pueblos abandonados. Si bien, en la mayoría de los casos los repobladores fueron los mismos valencianos llegados de los pueblos vecinos o de otras comarcas, es cierto que ellos solos no fueron suficientes y fue necesario recurrir a forasteros, y entre los más numerosos: los castellanos y los mallorquines. Poco a poco, estos últimos, fueron ocupando todos los huecos que los naturales del país -insatisfets por las duras condiciones de vassallatge- dejaban. Por lo tanto, los agricultores baleares no sólo llegaron a los pueblos de Tárbena y Vall de Gallinera, a los que nos acabamos de referir, sino a muchas otras localidades de estas comarcas, donde no se tenía tan clara memoria de este hecho histórico.

La primavera de 1918 el canónigo mallorquín, Antoni Alcover, quien fue uno de los más grandes lexicógrafos que nunca ha tenido la lengua catalana, visitó el pueblo montañoso de Tárbena (en la comarca valenciana de la Marina Baja), donde aún se habla en dialecto salado y se conservan rasgos de las hablas baleares, tales como: el uso de los artículos demostrativos "este" y "ese", el uso del artículo personal, el mantenimiento de un léxico particular e idéntico al mallorquín ,además de otros muchos particularismos fonéticos y morfológicos. 

En ese proceso de dignificación de los orígenes, han jugado un papel básico los hermanamientos entre esta población balear, de donde procedían el 70% de los colonos y localidades como Tàrbena, Xaló y Vall d’Ebo.

Quien primero dio noticia de la importancia de la repoblación isleña al sur del País valenciano fue el geógrafo xaloner Josep Costa y Mas en varios estudios publicados entre 1977 y 1978

basándose en el estudio de los libros de matrimonios de las parroquias de la zona, además de un sólido conocimiento de la onomástica balear, concluyó que los insulares fueron también mayoritarios en todos los valles interiores de la Marina Alta: los valles de Ebo, la Guar y Castell de Castells. Asimismo, llegaron a ser muy numerosos los pueblos repoblados de los valles prelitorales o de la llanura costera, deviniendo mayoritarios a pueblos como: Jalón, Llíber, Pedreguer, Benidoleig, Benimeli, Ráfol de Almunia o La Setla y Miraflor. Y sin ser tan numerosos, también tuvieron una presencia muy destacada en otros pueblos de esta comarca como: Gata, Senija, Orba, Sagra o Ondara. Incluso en las villas cristianas y mixtas como Pego, Murla, Benissa, Jávea, Calpe, Teulada o la misma Dénia, la capital de la comarca, dónde recibieron algunos.

Retomando la tarea de Costa, los últimos años se han hecho públicos los estudios de Antoni Mas Panaderos y Joan-Lluís Monjo Mascaró 

que han hecho avanzar considerablemente el conocimiento del alcance de esta migración isleña hacia tierras valencianas. Además de todos los pueblos mencionados anteriormente, los nuevos estudios han localizado también repobladores baleares en Xeresa, Xeraco (mallorquines al primer y ibicencos en el segundo pueblo), Daimús, Guardamar o Palmera; en todos estos pueblos, a la orilla del mar, los isleños llegaron a ser igualmente mayoritarios. En esta comarca de la Safor los insulares se instalaron, pues, en la costa y no en la montaña; siempre allí donde no iban los repobladores valencianos. Otros pueblos Safor con presencia documentada de mallorquines fueron: Tavernes de la Valldigna, Benifairó de la Valldigna, Miramar, Piles, Beniarjó, Rafelcofer, Bellreguard, Benirredrà, etc. Incluso en los arrabales de las villas cristianas de oliva y Gandia y pueblos como Palma y Ador.

Cas Tarbeners
Sant Rafael, 1, 03518, Tárbena, Alicante.
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